El mobiliario para el cuarto del bebé

La llegada de un nuevo bebé a la familia trae un cúmulo de emociones para los padres, sean primerizos o ya un poco experimentados. Y es que, como bien sabemos, cada ser humano es único y en el transcurso de la vida desarrolla una personalidad inigualable; por eso, lo que funcionó para tranquilizar, aliviar o hacer sonreír al primogénito puede resultar totalmente indiferente o hasta contraproducente para los hermanitos.

Sin embargo, hay situaciones de las que vamos aprendiendo y experiencias que podemos aprovechar para el futuro. Una de ellas es la decoración y ambientación de la recámara del bebé. Para los papás ésta puede ser una experiencia de lo más amena e incluso relajante, pues el crear un espacio único, que acoja y dé la bienvenida a esa nueva vida, es una gran oportunidad para dar rienda suelta a los talentos creativos.

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Ya sea que alguno o ambos padres tengan dotes de pintor y utilicen las paredes como lienzo para dibujar un tierno paisaje, o que prefieran la sencillez de los tonos claros y la practicidad de una cenefa decorativa, la decoración de la recámara es una de las formas en que podemos expresar la alegría y el amor con los que esperamos a nuestro bebé.

Sin embargo, la preparación del cuarto también puede ser motivo de estrés, conflictos y hasta problemas financieros, por no saber qué y cuánto colocar en él. Mi mejor amiga fue mamá hace poco y cuando llegó el momento de planear el decorado de la habitación, la relación con su esposo pasó por varios momentos tensos.

Él se enamoraba de cuanto artículo para bebés tenían en las tiendas y de no ser por mi amiga, quien siempre le acompañaba en los recorridos, habría comprado hasta los primeros muebles escolares, para cuando el pequeño comenzara a estudiar. Ella, en cambio, siempre se ha caracterizado por ser una persona muy práctica y ante cada cosa que su esposo elegía, planteaba dos cuestiones: ¿Para qué  sirve? y ¿Realmente es imprescindible? Su esposo no siempre tenía la respuesta y cuando se veía acorralado, simplemente respondía: “Pues me gusta y quiero que mi hijo tenga de todo”.

Es normal que los padres quieran lo mejor para sus hijos y también es común que el comercio y la mercadotecnia se aprovechen de ese natural deseo, para promocionar todo tipo de productos encantadores pero, en efecto, no muy prácticos. Un punto a favor de mi amiga (y no lo digo sólo por el afecto que nos une) es el de optar sólo por las cosas que vayan a utilizarse, pues en la recámara de un bebé (sobre todo de un recién nacido) es fundamental evitar la saturación.

Los objetos que pasan mucho tiempo sin uso se convierten en receptáculos de polvo y bacterias, algo que es nocivo para todos, pero especialmente para el organismo de un bebé. Llenar la recámara de peluches, juguetes y muebles que no se ocuparán hasta dentro algunos años es una invitación a que distintos alérgenos, virus y bacterias compartan el espacio con el bebé y comiencen a enfermarlo. Pensarás que basta con hacer limpieza rigurosa con frecuencia pero, créeme, cuando el bebé llegue descubrirás que cada segundo es precioso y que no puedes invertir parte del día en sacudir los ositos de felpa, cuando el pequeño ya pide un cambio de pañal, comida o el lavado de su ropita.

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Hay tres muebles básicos para la recámara de un bebé; la cuna, una mesa para cambiarlo y vestirlo y un armario para guardar su ropa y accesorios de higiene. Si crees que así la habitación se verá muy desolada, esmérate con el decorado de las paredes (sólo cuida que la pintura y los materiales que utilices sean seguros y no tengan componentes tóxicos), las luces (que deben ser tenues, para propiciar que se relaje) y un juguete que ayude a estimular sus sentidos.

Cualquier otro mueble, accesorio, juguete o elemento decorativo resultará superfluo e incluso nocivo, pues además de lo que ya mencionamos respecto al polvo y las bacterias, puede impedir que tu bebé se relaje o tener algún componente que llegue a lastimarlo.

Preparar el espacio del nuevo miembro de la familia es una de las experiencias más gratas y lo mejor es que no tienes que gastar una fortuna o poner la casa de cabeza para disfrutarla. Busca lo más sencillo y práctico, imprime algunos detalles de ternura y calidez, y, sobre todo, prepáralo con mucho amor. Así gozarás la experiencia y tu bebé lo agradecerá.